38 años del asesinato de Orlando Martínez

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El asesinato de Orlando Martínez, del que hoy se cumplen 38 años, signó por siempre el ejercicio del periodismo en República Dominicana, porque se trató de un crimen de Estado perpetrado para segar la vida de un periodista portentoso y valiente, cuyos escritos le validaron gran prestigio e influencia en todos los estratos de la sociedad nacional.

Martínez fue  emboscado y asesinado de dos balazos  al caer la tarde de  un día  como  hoy de 1975 por un grupo de sicarios civiles y militares, mientras transitaba en su vehículo por la avenida  José Contreras próximo al campus de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), tras concluir  sus labores como director  de la Revista Ahora y columnista de El Nacional.

Con apenas 31 años, Orlando se erigió como el columnista  de temas políticos más leído del país, al punto que en parques, clubes culturales, sindicatos, asociaciones y  otros lugares públicos se formaban peñas para discutir sus escritos, la mayoría de contenido crítico contra el virtual estado de represión e intolerancia que predominaba en esos  aciagos días.

Fue un firme defensor de los recursos mineros en tiempos cuando multinacionales, en uso y abuso de un neocolonialismo, extraían riquezas de oro, plata, ferroníquel, bauxita y otros minerales, en perjuicio del interés nacional. Su indeclinable posición de rechazo a  lo que definía como saqueo colectivo le granjeó también malquerencia entre  esos sectores ultrapoderosos.

Como periodista, columnista y ejecutivo, Orlando Martínez fue  siempre garante y respetuoso de la pluralidad, como lo demuestran las ediciones de la Revista Ahora, que bajo su dirección  mantuvo su condición de peña plural y catedral que albergaba todas las manifestaciones del pensamiento político.

La juventud de hoy debería auscultar en el historial profesional y político de ese dominicano ejemplar que supo colocar su innegable talento, sólida cultura y gran sensibilidad social al servicio de los mejores intereses de la nación, sin permitir que  la represión e intolerancia lo obligaran a arriar bandera del decoro y de la dignidad.

La mayoría de quienes participaron en la trama para asesinar a Orlando Martínez fueron condenados  a penas aflictivas e infamantes, pero falta aún desvelar el último fardo de la cortina   que todavía oculta  los nombres de quienes desde el poder político ordenaron su muerte.

El Nacional recuerda hoy con legítimo orgullo, al igual que  la sociedad toda, la figura de un comunicador que desde  las trincheras de este periódico y de la Revista Ahora, se erigió como un adalid de las libertades públicas y de los más sagrados intereses de una nación tantas veces lacerada por  la ambición y la traición.

 

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